Vivimos
en un mundo con prisas. Vayas a donde vayas, aunque no tengas nada
que hacer después, ningun horario establecido, nada... siempre vas
con prisa. No se te da ningún día por ir por la calle lento, a
menos de 0.1 metros por hora, viendo la vida pasar, pensando en tus
cosas, sin rumbo fijo. Siempre corriendo, a todas partes, en todo
momento. Da vértigo, si lo piensas. Tan deprisa lo vivimos todo que
queremos adelantarnos a los acontecimientos, pensamos tanto en el
futuro que no vivimos el presente, te anticipas a las cosas sin saber
si van a pasar o no. ¿Y si pasa? Pues pasó. Una cosa más que
tendrás que superar, como todo, y si no es eso será otra cosa, no
por pensar más en el futuro y por intentar prevenir algo tan solo
provable te vas a librar de todos los problemas de tu vida, no,
tendrás otros muchos otros que, siento decirte, no podrás ni
siquiera intuirlos. ¿Sabes? Tú, yo, todos, intentamos pensar en el
futuro, organizar la vida desde ya y no puede ser. No vivimos el
presente aunque muchos digan "yo vivo la vida a tope".
¿Sabes? Tanto pensamos en el futuro que llegará un momento que
sabremos que ya no hay más, un momento en que verás que la vida dio
para lo que dio, entonces, cansados de mirar hacia el porvenir,
echaremos la vista atrás, miraremos hacia esos años locos en los
que teníamos que haber disfrutado, hecho gilipolleces, aquellos en
los que nos teníamos que haber dado de hostias contra la pared tres
millones de veces, años de desfasar, de vivir sin pensar en lo que
pasará, sin pensar en lo que opinen los demás, vivir sin miedo,
vivir a lo loco, vivir sonriendo y sin preocupaciones, disfrutando, y
nos preguntaremos dónde hemos estado en todo aquel tiempo.
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